Poetry for 3 AM

10 01 2011

Trains

Chase me subway train,
Kill me with your steely eyes
I am waiting for my stop—
Really waiting to get on
And she tears me up just wafting by

There are bare feet on the floor
Attached to footless people
We stop, start, push shove
Then my toes crawl away
To find some string and a needle

I lie down on subway tracks
Somehow they leave
They carry people away
They give them new feet
But they don’t come back

Castles

You’re just tired and it shows
Each little sigh is a tiny blow
Like a wish made out of bones
Far from your father’s home
The thousand places you’ve outgrown
The million times you called me on
I’ve spent so many nights wondering oh
How your bed turned so blue
How time had never changed you
How the sun obscured the truth
How everyone is starting new
And where you had gotten to, gotten to?

You’re an animal, a monster, something I can’t describe
You’re an animal, a monster, something I want to get behind
It’s like a brigade tumbling down a cascade
Or a renegade superhero taking free days
Troubled by the hives, you can never stay alive
You’re on the run, on the run, and I know you’ve got a gun.

You’re alarmed and I know
You’re dying with every throw
Of every little stepping stone
That grew from miles below
Or from a place that he never cared to go
I suppose that’s exactly where you dared to roam
(It’s giving me some vertigo)
How I spend my nights wondering oh
How your bed turned so blue
How the night can swallow you
How quickly she withdrew
How happily she pursued
And where we had gotten to, gotten to?

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A theory for theories

23 09 2009

We sat there in the dull and quiet room, waiting to hear the news that didn’t matter. Content had leapt from matters serious, becoming frivolous; creativity seeped from the wall; hope and change were splattered like shot against a battered target. Post-modernism was upon us: theory resplendent. OR, we had become modern again! that nirvana of oscillations between signal, sound, metaphor, and pure, furious noise. Then, swiftly in the night with feathered hooves, meaning crawled back into words. The long, electric dark of the twentieth century stood up on coke-dusted heels, rising with a riveted chin as illusionment drove lattices into still, vibrating space. Words had and did not have meaning then, and now meaning itself lies naked and so, in the modern sense, wasted and understood. It was both constructed and deconstructed: bearing no distinct fruit.

“The test results were negative.”
“The book is in good hands now.”
“She was never going to leave you that house.”

Dizzy in my pocket. She spoke unnervingly eloquently. On 12 Serly Road, we walked out that room, my girl and I, out that detestable space, into Serly Road. Structure, structure, structure. The structure of a dream.

Awake. Tense, escaping tradition, I woke up in a sweat, her words bouncing in iambic pentameter. Shakespearean prose swam through my veins, the effects of falling in love bleeding out a conceit stitched together like a broken capillary. Upwards, of course, I pressed the button to floor 9 ¾. It made sense, like an Arabic narrative, or love in the Russian winter, like Melchizedek storming through Mos Eisley while in search of Lara. I awake again, consciousness snapping forward, the recognition of the dream that exempts you from its grasp. Then complications begin to subside.

The words relax. They loosen their thorny grip. The cup I hold as I wake up is brittle and full; the people around the table are merry for my waking up. I don’t wonder where the thirteenth hand comes from or plot a conspiracy. I am content to swim around above what I believe to be the gentle currents below. And while so many have swum far out to embrace some extraordinary unison between letters and spirit, I will leave myself content at the shore, to walk upon well-known lands in ways well-known men have never known.





Two Kidnappings (Spanish-only)

15 04 2009

Dos secuestros

Así empezó, sin duda y sin compromiso allí en la calle en donde la gente desaparecen. La señorita Leira Iturralde, quien trabajaba para la CIA en el división de narcotráfico, estaba caminando bajo la protección de dos agentes. Tenía solamente unos treinta años de edad y ya a cargo de la división, después de haber interceptado veinte toneladas de cocaína en un barco yendo a los Estados Unidos. Nació en Argentina y creció en los Estados Unidos desde cuando sus padres se mudaron en 1982. Era la hora de revolución, la hora de niños desaparecidos y de adultos desanimados.

Primero, yo encontré los cuerpos de los dos agentes, Jackson Trivers y Allison Hanning, quienes habían trabajado por cinco años juntos antes de conocer a Leira. Los dos cuerpos estaban en la calle a la vista, con un punto rojo en su frente. Era tarde pero las luces en la calle iluminaban el charco de sangre que manchaba sus camisas y que pintaba sus caras. Trivers y Hanning fueron importante, pero más que nada, teníamos que encontrar a Leira. Escrito en un papel que estaba en el bolsillo de Trivers era: ≪No las vas a encontrar. Ni en el cielo, ni en el mar.≫ Sí, la señorita Leira estaba caminando por estos calles y ya no.

Leira se despertó en una cama fría bajo una colcha sucia, lleno de lagrimas, tierra y manchas de sangre. Analizó su entorno. Medía todo que podía: el cuarto era 2.5 metros de altura por 4 de ancho y 5 de largo, la puerta estaba en la esquina 3 metros de su cama. No se oía ningún voz. La bombilla estaba colgada desde el centro de la habitación. Ella se sentía muy cansada. Pensaba que si no la hubieran matado entonces ella habría sido importante para mantener vivo. Los pensamientos que no vinieron de inmediato de su formación llegaron lentamente. Era probable que la habían drogado, creyó ella. Después de lo que pasaron unas horas se dio cuenta de que tenía hambre, y que no sabía cual grupo le secuestró, y si sabían donde estaba, y si …

Segundo, busque en los papeles que estaban sobre la mesa encontré mucho. Con el permiso del gobierno, miré los websitios donde andaba Leira antes del secuestro. Vi fotos y videos y correo electrónico. Todo pasó muy despacio y yo me preocupaba por su vida más y más. Yo seguía buscando en cada carpeta de la computadora. Tal vez fue un recuerdo de una cosa que me había dicho de su breve tiempo en Argentina o tal vez fue suerte. Abrí una carpeta titulado “Corrientes.” La carpeta tenía seguros muy avanzadas pero no impenetrables. La vida de Leira, siempre envuelto en el misterio, estaba a punto desenredarse.

El día siguiente, leí todas la información en la carpeta. Leira trabajaba con ambos lados en la guerra contra los narcotraficantes. En 2003, cuando había hecho su gran descubrimiento del cargo en el barco, ella había mandado un correo electrónico a Carlos Ramas, el cual es un sobrino de Pablo Escobar, para notificarle del descubrimiento. Ramas respondió, ≪Bueno. Los demás tienen azúcar. Asegúrese de que no analizan los paquetes marcados con una etiqueta amarillo. Ojala que asciendas con esto. Estamos tomando un gran riesgo contigo. No nos falle.≫

En el cuarto sucio, Leira esperaba ver sus secuestradores y amigos, Ramón y San Pedro. Todo salió más o menos conforme a sus planes. Tenía más hambre. El reloj en la pared de que ella no se había dado cuenta le dijo que eran las cuatro. No sabía si fuera de la mañana o de la noche. Entró un hombre al cuarto, mirando a ella. Leira no le conoció. Por primera vez empezó dudar que estos fueron sus amigos del FARC. El plan era permitirla desaparecer para usar su información de la CIA y para no estar viviendo como traicionera con la posibilidad de ir a la cárcel. Pero no deberían haberla drogado. El secuestro no iba ser cuando estaban presente Trivers y Hanning. Los hechos no tenían sentido. Cuando vino el hombre, no mostrando comida sino puntando un pistola en su cara, ella sabía que estos tipos no eran ni del FARC ni de la CIA. Se levantó con la agilidad de una mujer de veinte años. Ella sabía que sabía demasiado. Por eso no la mataron. La droga ya paró de afectarla. Sus pensamientos tenían claridad. Miró a su secuestrador, memorizando su rostro como si le pudiera parar de hacer lo inevitable. Miró al cielo, a tiempos pasados, a horas desapareciendo dentro de otras horas tras la espalda de un reloj antiguo en donde la gente se pueda escapar y en donde nunca le llega su hora. Empezaron las preguntas.





About the Author

13 04 2009

http://www.kevinverbael.com





Lent without Caffeine. 12:01 am Easter: A Can of Coke.

11 04 2009

And it was delicious.





ThesisTrack Word Cloud

9 04 2009

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Edges

2 06 2008

This is what it feels like to be free.

    The steering wheel feels light under my fingertips as I carefully match the curve in the road. It would be so easy to slip, a miscalculation, a too-long glance down at the radio. Possible excuses.

            A barbell suspended above my head wants desperately to return. For a moment, I consider letting it fall, where it might crush my skull, tear indifferently through my brain and lie quietly amidst a greying body and ashen faces.

            Words form in pools inside my brain, the synapses of which are waging war. Some with the engineered desires to survive. Some with consciousness.